Vivir lentamente

«Una conciencia inquieta es un veneno lento que te corroe desde dentro.»
Fiódor Dostoievski (1821-1881), Crimen y castigo.

 

Hace varios años, tuve la oportunidad de recibir una de mis primeras clases de fisiología, en los primeros semestres de medicina. En una de aquellas sesiones, discutíamos la manera cómo el tejido miocárdico se nutría de oxígeno. Para sorpresa de todos los estudiantes, el profesor explicaba que a diferencia de otros órganos que se oxigenaban en la fase sistólica (contracción), el corazón lo hacía en la fase diastólica (o relajación). La lección de aquel día fue resumida así por el maestro: "si el corazón vive por la diástole, vivir entonces significa relajarse".

Relajarse y descansar son acciones cada vez más escasas en el mundo moderno. Vivimos al límite, sin tiempo para nosotros y para los demás en aras del progreso y del rendimiento y la eficiencia. Relajarse y descansar son acciones que se están volviendo socialmente inaceptables. Pareciera un grave error “parar y reflexionar” acerca de nuestras propias acciones y las consecuencias que tienen sobre nuestra vida y la de los demás. Lo más extraño es que a menudo, vivimos de prisa sin saber por qué…

Cuentan de una calle en Londres que tiene instalada una cámara de velocidad para los transeúntes. En distintos momentos del día, se registra la rapidez con que un peatón tomado al azar recorre aproximadamente una cuadra. Si lo hace antes de un tiempo determinado, la persona es detenida por otro sujeto quien simpáticamente le pregunta: “¿por qué lleva tanta prisa?” Si el detenido no justifica su apurado paso con un argumento de “extrema urgencia”, es invitado a realizar voluntariamente el ejercicio de devolverse al principio de la cuadra y caminar un trayecto junto a una tortuga. Entre risas, el transeúnte y los espectadores tienen en cuenta lo frecuente que es ir de prisa sin tener una razón.

Por eso, relajarse no significa necesariamente descansar. También es vivir más lentamente. Para una sociedad hiperactiva, asearnos, comer, caminar y hablar, se tienen que hacer a toda prisa, so pena de perder varios segundos, que a su vez se convertirán en acciones cada vez más rápidas y que no permiten tiempo ni siquiera para respirar. No tenemos tiempo ni para perderlo en las delicias del ocio y se nos va yendo la vida en quehaceres, en momentos de profunda mecanicidad e inconsciencia.

Sin duda los grandes avances tecnológicos y científicos fueron alcanzados en su momento por personas desocupadas... en el ocio nace la creatividad. El arte y la reflexión se nutren del ocio.

Es imprescindible para repensar nuestro sentido de vida y el de nuestros pacientes, el tomarnos tiempo para saborear la vida. Solamente se puede saborear la vida con acciones lentas y con momentos de reflexión que acrecentarán nuestra sabiduría. No siempre tenemos necesidad de hacer las cosas rápidamente y siempre habrá un momento del día para vivir lentamente.

Julián Humberto Ramírez Urrea

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